Enterrar nuestros fantasmas del pasado. Borrón y cuenta nueva Cuando murió su esposa, la metió en un congelador con tapa de cristal y cada día se sentaba a leerle poemas mientras ponía una rosa roja sobre la tapa del ataúd-congelador. Para él seguía viviendo y además nunca envejecía. Ahora comenzaba a sentir celos porque tenía una esposa de 50 y él era un anciano de 80. Menos mal que ella nunca salía de casa ni mantenía conversaciones con extraños. Sólo se relacionaba con él.