Aquí es donde comienza a fraguarse el verdadero motivo del éxito o del fracaso, de la felicidad o de la desgracia de la mayoría de las personas. Salvo excepciones, y aunque existan notables diferencias, todas las vidas humanas están sembradas de problemas, de dificultades, de carencias y de situaciones más o menos críticas.

Lo que verdaderamente marca la diferencias es la actitud: mientras los optimistas vitales siempre se consideran personas con suerte, porque son conscientes de que la vida es una única oportunidad en la que todo es aprovechable y hay que saber capitalizar hasta los fracasos, fallos y miserias, los derrotistas, con su actitud pesimista, atribuyen las dificultades y problemas a su mala suerte, a que están gafadas y que nada pueden hacer, y «leen» e interpretan la vida como algo que hay que soportar y pasar como sea.