En 1939, el inventor  creó el primer edificio impreso en 3D del mundo detrás de un pequeño almacén en Valparaíso, Indiana.

Al año siguiente presentaría una serie de patentes para una «Wall Building Machine». Esta sencilla pero ingeniosa máquina se utilizaría para fabricar estructuras de varios pisos con refuerzo integrado y una cúpula autoportante, todo impreso en hormigón sin encofrado. A finales de los años 30, este proceso podría haber sido descrito como formación de deslizamiento horizontal en capas.