“Hablando del sentimiento, nos exponemos a ir a parar a esas devociones raquíticas, poco cristianas, porque no están basadas en la Cruz, y que a nosotros nos podrían descaminar. Por eso yo evito decir que siento. (…)

La religión no es un sentimiento, ni la vida cristiana tampoco. Puede el Señor dar grandes alegrías, grandes fervores, grandes entusiasmos; y puede conceder también una sequedad imponente, ayudándonos así a transformarnos con la renovación de nuestro espíritu, a fin de acertar qué es lo bueno y lo más agradable y lo perfecto que Dios quiere (Rom. XII, 2)”.

( Escrivá de Balaguer)