En nombre de los no nacidos

Domtla vive en Nairobi, Kenia. Está casada y tiene seis hijos. Dirige el St. Martin Crisis Pregnancy Center, y es supernumeraria del Opus Dei.

En realidad, Domtila es una salvavidas…

Cuenta ella que sólo unos años atrás era común ver niños recién abortados por los rincones perdidos de la ciudad. Un canal. Debajo de un puente. «Metidos en bolsas de papel». Niños muertos, abandonados en la calle.

Ofrecemos consejo y apoyo emocional a quienes lo necesitan. También hemos hablado con algunos médicos que practican abortos y les hemos animado a trabajar para la vida. Ahora muchos de ellos envían a sus pacientes a que hablen conmigo

«Estas imágenes me dolían mucho. Le daba vueltas al problema, pero no era capaz de encontrar una solución. Sentía que Dios me pedía que hablase en nombre de los no nacidos». Y aquel sentimiento se convirtió en una acción diaria, permanente y exitosa que cumple ahora 25 años de vida. Nunca mejor dicho.

Dos décadas y media lleva Domtila trabajando directamente en la defensa de la vida humana. Sobre el terreno. Con una sonrisa. Y con sus propias manos. «Ofrecemos consejo y apoyo emocional a quienes lo necesitan. También hemos hablado con algunos médicos que practican abortos y les hemos animado a trabajar para la vida. Ahora muchos de ellos envían a sus pacientes a que hablen conmigo».

Tres mujeres agradecidas

Una de esas pacientes es Damaris. «El médico me dijo que una señora quería hablar conmigo, así que fui a verla. Vimos juntas un vídeo sobre el aborto. Me dolió lo que veía, y me pregunté: ¿Por qué debo abortar? Tampoco debía escapar de mi casa. Con el niño no podían echarme…».

Me gusta cómo trabaja Domtila, porque anima a muchas mujeres a no abortar. Desde aquel día mi vida ha ido adelante cuidando de mi hijo

Damaris, con su hijo en brazos, cuenta: «Me gusta cómo trabaja Domtila, porque anima a muchas mujeres a no abortar. Desde aquel día mi vida ha ido adelante cuidando de mi hijo. Dios me ha bendecido dándome, además, un marido. A mi hijo Lucas le quiero, ¡más que a mi propia madre!».

Maureen se puso en contacto con Domtila por teléfono. «Le llamé y empezamos a charlar. Le conté que estaba pensando hacer ciertas cosas. Me dio algunos consejos. Nunca nos habíamos encontrado, pero me dijo que esperase, que me diría más cosas cuando nos viéramos». Y Maureen fue madre. «Ahora ella me visita y me ayuda. Una amiga suya me echa una mano con la compra y me anima diciéndome ‘no estás sola. Un día, dentro de algún tiempo, verás a tu hijo y te sentirás feliz. Si hubiera abortado, ¿cómo haría?’».

Cada mujer es un reto. Cada vez que convenzo a una chica para dar a luz y veo después a su hijo vivo, me lleno de alegría

Agnes se sentó junto a Domtila, y juntas le dieron al play a un vídeo sobre el aborto. «En él explicaban cómo se realiza. Me quedé… Luego pensé: si tengo el niño o la niña, ¿cómo le voy a mantener? Tengo problemas económicos. Mi amiga me dijo: ‘yo te ayudaré, no te preocupes’».

Damaris, Maureen y Agnes son tres de cientos.

Para Domtila, «cada mujer es un reto. Cada vez que convenzo a una chica para dar a luz y veo después a su hijo vivo, me lleno de alegría. No soy yo quien hace este trabajo. Pienso que Dios es el que actúa a través de mí. Me inspiro en las enseñanzas de san Josemaría, que decía que el trabajo nos lleva al cielo sin sacarnos de nuestro ambiente. Eso es lo que estoy haciendo con mi trabajo por la vida».