Que una civilización hubiera conquistado un territorio no implica que sus habitantes actuales veneraran su religión o cultura. La historia está llena de conquistas: romanos, árabes, mongoles, vikingos, españoles, otomanos, británicos, etc., y las poblaciones conquistadas no necesariamente adoptaron las creencias de sus conquistadores.

La identidad cultural y religiosa no se determina automáticamente por quién gana una guerra. Decir «si hubieran vencido los vikingos, adorarías a Odín» es tan simplista como afirmar que, si hubiera triunfado otro imperio, todos sus descendientes pensarían exactamente como él.

La historia no es una partida cuyo vencedor decide en qué creerás.