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El autor se ha propuesto demostrar que los niños pueden tomar de una manera natural los problemas filosóficos e incluso con orden y claridad. Lo prueba por medio de ejemplos tomados directamente de los niños. Acude, inclusive, a formalismos científicos para apoyar ciertos supuestos de la capacidad de abstracción infantil, de la que muchos adultos carecen.
El autor se ha propuesto demostrar que los niños pueden tomar de una manera natural los problemas filosóficos e incluso con orden y claridad. Lo prueba por medio de ejemplos tomados directamente de los niños. Acude, inclusive, a formalismos científicos para apoyar ciertos supuestos de la capacidad de abstracción infantil, de la que muchos adultos carecen.