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Ficción moderna y contemporanea

SUERTE Y RESISTENCIA . DINERO Y… (RÓDENAS, J.A.) (Ficción moderna y contemporanea)

¡Afortunado en sorteo, éxito en negocios, resistencia erótica... Objetivo para mujeres! Se trata de un hombre de buen aspecto, de unos treinta y pico. En unas vacaciones a la Costa del Sol, le toca el Euromillones, registra el boleto en Córdoba, después de cambiar de aspecto en el tren para que no se le reconozca. Deja su trabajo en Barcelona y se marcha a Madrid, compra una tienda de modas que llevará una novia de la capital. A lo largo de la novela ocurren pasajes eróticos narrados con cierto realismo y crudeza, pero debidamente engastados en la trama. Un albergue para los sintecho es su devolución a la vida por lo mucho que le ha dado. En la capital, su antiguo jefe le ofrece un trabajo de gerente en una empresa que él acepta. La primera tienda se la vende un viejecito entrañable del que se hace muy amigo, sobre todo su novia, y la segunda a un hippy que se la cede muy barata porque Hacienda está tras él, ya que su padre ha muerto de repente y tiene que pagar unos impuestos que él no tiene.

EL TESORO DE MORGAN (CALLEJA VERA, JUAN) (Ficción moderna y contemporanea)

La tormenta tranquila es la que te balancea sin hundirte. La que sopla con fuerza, pero sin tumbarte. En la que diluvia mansamente. Limpia las vidrieras del camarote, mientras veo caer la lluvia. Como si me hubiera endurecido como lava vieja, como si la sangre derramada se coagulara después del dolor infligido en la herida. No debí de haberme bebido la botella de ron. He perdido la entereza. He abierto todas las ventanas y ha entrado por ellas el dolor de tu pérdida, la soledad, y el miedo a la muerte. No debí de beber del brebaje que me hace ver esta realidad que me devora, aunque la tormenta no me agite y sea capaz de solventarla. Con la edad son otras las sombras y otras las luces. Y tú eres ese sol que se va eclipsando con el dolor que da mirarle de frente. Demasiado ron. Demasiada pena.

SÉ QUE ME VES (LÓPEZ-PASTOR, S.H.) (Ficción moderna y contemporanea)

Andrea Solozábal es una mujer dominada por su rutina, por sus obligaciones, por su trabajo y, además, por su rutilante pantalla. Pero no solo eso. Porque Andrea Solozábal, en sus viajes de metro a Bilbao, se da cuenta de que no solo está ella dominada. Y eso, definitivamente, le horroriza. Porque es la indiferente actitud de sus conciudadanos la que hace plantearse cosas. Su mente bulle, se hace inquietantes preguntas, sufre por el mal tiempo, por sus constreñidos horarios e incluso ve imágenes que nadie más ve. A través de este apremiante relato, puede que en la cabeza del lector comience a erigirse la siguiente cuestión: Merece la pena seguir el discurso tan neurótico, individualizado y colmado de miedos que, día tras día, nos empeñamos en crear?

EL MEMBRILLO DE ESTAMBUL . BALADA PARA TRES HOMBRES Y UNA MUJER (RUMIZ, PAOLO) (Ficción moderna y contemporanea)

Maximilian von Altenberg, un ingeniero austríaco, viaja en 1997 a Sarajevo, donde en una taberna escucha una antigua balada cantada por Ma?a Dizdarevi?, cuya belleza lo deja prendado: Ma?a es austera y salvaje, espléndida e inaccesible. La poderosa atracción es mutua, pero Max debe regresar a Austria y, por más que intenta regresar pronto, pasan tres años: los tres años fatídicos de que hablaba «El membrillo de Estambul», la balada amorosa que cantaba Ma?a. Cuando por fin se produce el reencuentro, comienza una aventura que llevará a Max a los lugares mágicos de Ma?a, en un viaje que es rito, descubrimiento y un renacer.

LA PENUMBRA QUE HEMOS ATRAVESADO (ROMANO, LALLA) (Ficción moderna y contemporanea)

¿Qué se nos narra en estas páginas que, desde el título, citan a Marcel Proust y su «tiempo recobrado»? Una escritora madura vuelve a los lugares de su infancia, recreados en los detalles escondidos en cada piedra, detrás de cada puerta, a la sombra de los pórticos, en los olores que lleva el viento? Cuando era niña, la escritora pasó los primeros años de su vida observando las maravillas de la montaña, imaginando cómo eran sus padres realmente y qué hacían antes de que ella y su hermana pequeña vinieran al mundo. El padre, a principios del siglo xx, era fotógrafo aficionado; la madre, mucho más joven que él, parecía algo apartada de todo, aunque era lo suficientemente sociable? y muy elegante. Con una sabiduría llena de encanto, Lalla Romano nos ofrece en este texto suyo de 1964 una obra bellísima y exacta, con páginas nunca demasiado melancólicas ni demasiado dolorosas que rastrean la felicidad perdida. La dicha, parece decirnos la autora, se encuentra en los pliegues del tiempo, en esos desplazamientos que a veces se crean entre el pasado y el presente. Toda la novela está impregnada, por lo tanto, de un sentimiento del después, de las cosas reconocidas sólo cuando han pasado y desaparecido. La propia Romano lo dijo en una entrevista: «No hay arrepentimiento ni nostalgia en este libro, pues aquel mundo no está perdido. Es cierto que ha pasado, irrevocablemente; pero ahora siento su mérito, es decir, lo comprendo, lo amo y, finalmente, lo poseo. Como dice Faulkner, la felicidad no es, pero fue».