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Ficción y temas afines

HOJAS DE MADRID (UMBRAL, FRANCISCO) (Ficción y temas afines)

«El Madrid de Umbral está constituido por la superposición o yuxtaposición de muchas ciudades, muchos planos de un gran microcosmos, que va de lo alto a lo bajo, del centro a las afueras, de los hoteles a las pensiones, del museo del Prado al barrio de Tetuán, de la cultura a la miseria. Acaba siendo una ciudad amada, pero no es, casi nunca, una ciudad amable. Madrid y sus historias son, en buena medida, una metonimia de España y su historia. Hay siempre, o casi siempre, algo de hostil en la ciudad, algo de rival o de enemigo al que vencer. Por eso, con escorzo expresionista, el escritor la ve ?abierta de piernas hacia la plaza de Castilla?, que si puede encerrar una metáfora geográfica señala ante todo el distanciamiento frente a una ciudad a la que en el fondo se teme.»Del prólogo de Miguel García-Posada

LA REINA COMUNERA . JUANA LA LOCA Y LA REVUELTA DE LOS COMUNEROS: LA HISTORIA QUE PUDO SER (JOSÉ GARCÍA ABAD) (Ficción y temas afines)

Las ciudades castellanas se han levantado en armas contra el rey Carlos I con el grito de: «¡Comunidad. Viva el pueblo y abajo el mal gobierno!». Reprochan al joven monarca, que no se ha molestado en aprender una palabra del idioma de sus súbditos, la entrega de los cargos y sinecuras del reino a un grupito de cortesanos flamencos que se llevan a manos llenas los dineros castellanos a Flandes y que gobiernan de forma despótica sin respetar las costumbres y viejas leyes del país. Los alzados niegan a don Carlos al estimar que la reina legítima es Juana I de Castilla, mal llamada La Loca, quien nunca fue inhabilitada por las Cortes. Pero el movimiento comunero se irá radicalizando a lo largo de la contienda exigiendo que el pueblo participe en el gobierno. En este ambiente, dos cronistas independientes, Jaime de Garcillán y Alonso de Torrelaguna ―protagonistas también de la novela Sobra un rey―, se involucran en la causa comunera y reciben una delicada misión llena de peligros: entrar subrepticiamente en el palacio de Tordesillas donde está encerrada doña Juana para conseguir el apoyo de esta. Si la reina firma, el reinado de su hijo Carlos se habrá terminado. La novela narra los avatares de la relación de los revolucionarios con doña Juana, así como los intentos de los agentes de don Carlos para abortar esta operación. José García Abad cuenta con emoción, realismo y absoluto respeto a los acontecimientos los hechos de guerra que se produjeron y las traiciones y disensiones internas que llevaron a los dirigentes de la Comunidad al patíbulo.

À LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU, II : À L’OMBRE DES JEUNES FILLES EN FLEURS . À LA RECHERCHE DU TEMPS PERDU (MARCEL PROUST) (Ficción y temas afines)

«Tout d'un coup, dans le petit chemin creux, je m'arrêtai touché au cœur par un doux souvenir d'enfance : je venais de reconnaître, aux feuilles découpées et brillantes qui s'avançaient sur le seuil, un buisson d'aubépines défleuries, hélas, depuis la fin du printemps. Autour de moi flottait une atmosphère d'anciens mois de Marie, d'après-midi du dimanche, de croyances, d'erreurs oubliées. J'aurais voulu la saisir. Je m'arrêtai une seconde et Andrée, avec une divination charmante, me laissa causer un instant avec les feuilles de l'arbuste. Je leur demandai des nouvelles des fleurs, ces fleurs de l'aubépine pareilles à de gaies jeunes filles étourdies, coquettes et pieuses. "Ces demoiselles sont parties depuis déjà longtemps", me disaient les feuilles.»

LOS VAGAMUNDOS (TRAPIELLO, ANDRÉS) (Ficción y temas afines)

«Se escribieron estos trabajos en los últimos diez o doce años. Me asombra, es un decir, que la mayoría traten de los mismos escritores que aparecían ya en entregas anteriores de esta misma serie, alguna de hace veinticinco años. Significa esto, supongo, que uno se ha movido poco respecto de estos escritores, pero también que ellos se han movido igual de poco respecto de uno. Me gustaría pensar que estas páginas son como esos cuadros que algunos impresionistas pintaban una y otra vez sobre el mismo asunto, naturaleza muerta o paisaje, por no referirnos a aquellos que como Rembrandt o Van Gogh pintaron a lo largo de su vida incansablemente su propio rostro, con curiosidad y modestia, dando a entender con ello que a menudo no tenían otro modelo mejor. No va a entrar uno ahora a dilucidar lo que haya o no de autorretrato en estas páginas, porque el arranque de todas y cada una de ellas fue lo opuesto, tratar de contagiar algo del entusiasmo que le produjeron a uno la lectura de tales o cuales obras o el recuerdo de tal o cual escritor, a pesar de que para ello el lector de este libro haya de pasar a través de mis palabras. Que yo diga ahora que me habría gustado que fuesen mejores, no serviría de nada, y me daría por satisfecho si después de leer este libro te apresuras a leer aquellos otros de los que se habla aquí, por los que yo guardo profunda gratitud, habiendo hecho que me olvidara, sobre todo, de mí mismo. ¿Podría decirse algo mejor de ningún libro? Desde luego. Que tú, lector, leyéndolo, llegaras a olvidarte también de mí. Hablando de clásicos de traje gris, querrá decir que salimos ganando todos.»