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RENOIR (JORDÀ, MARÍA J.) (Sin clasificar)

Hola, soy Pierre- Auguste Renoir, el pintor de la felicidad. ¿Sabéis por qué me llaman así? Si observas mis cuadros verás una pintura despreocupada, sensual y festiva. Quería mostrar la alegría de la gente, la belleza de las mujeres, la inocencia de los niños, los paisajes idílicos...Y lo conseguí. A pesar de los graves problemas económicos y la enfermedad que sufrí, nunca se coló en mi obra la más mínima sombra de tristeza o desesperación. ¿ Quieres comprobarlo? Adelante, te invito al mágico mundo de Renoir.

REMBRANDT (JORDÀ, MARIA J.) (Sin clasificar)

Hola, soy Rembrandt van Rijn. ¿Conoces alguno de mis cuadros? Quizás te parezcan un podo oscuros. Es cierto, en mi paleta habitaban pocos colores, ya que prefería jugar con las luces y las sombras. Formaba parte de mis estilo personal, un estilo que me valió el reconocimiento de la sociedad. Pero triunfé y me arruiné con el mismo estrépito. ¿ Por qué? Pues presta atención, te lo voy a contar.

023 – LOS OJOS DEL OTRO. ENCUENTROS RESTAURATIVOS ENTRE VÍCTIMAS Y EX MIEMBROS DE ETA. (ESTHER PASCUAL RODRÍGUEZ (COORD.)) (Derecho)

«Personalmente, pensaba que el encuentro no me aportaría gran cosa, pero no fue así. Cuando él apareció en la salita donde nos encontramos y, después de las presentaciones, nos miramos a los ojos, me di cuenta de lo mal que lo estaba pasando. Creo que estaba como avergonzado... Estuvimos hablando y preguntándonos durante casi tres horas. No quiero entrar en detalles, pero lo que más me impresionó durante la conversación fue lo que repetía una y otra vez; tenía la autoestima por los suelos, no veía nada bueno en él y decía: “Todo en mí es malo”, “No hay nada bueno en mí”. Le dije que eso no era cierto: “Si lo fuera, no estaríamos aquí ninguno de los dos”. Y añadí: “Creo que has sido muy valiente en reconocer todo el daño causado, has sabido comprender que todo lo que hiciste en el pasado fue un gravísimo error y has pedido perdón por ello; pero, lo más importante, has recuperado tu libertad y el derecho a ser un ciudadano”. Las personas que hemos colaborado en los encuentros restaurativos, tanto los victimarios como las víctimas, lo hemos hecho de forma voluntaria. Nadie nos lo ha impuesto. Sin embargo, entiendo, sobre todo desde el mundo de las víctimas, la crítica, que a veces ha sido desproporcionada, hacia las personas que hemos decidido participar. Así como nosotros respetamos su decisión, su postura de no querer participar, me gustaría pedir que también nuestra opción sea respetada; nosotros no nos sentimos mejores ni peores, simplemente actuamos según nuestra forma de pensar» (Tomado del Prólogo, de Maixabel Lasa). Han colaborado en el presente volumen: Alberto José Olalde Altarejos / Francisca Lozano Espina / Esther Pascual Rodríguez / José Luis Segovia Bernabé / Julián Carlos Ríos Martín / Eduardo Santos Itoiz / José Castilla Jiménez / Luis María Carrasco Asenguinolaza / Xabier Etxebarria Zarrabeitia.

LOS HUERFANITOS (LORENZO,S) (Humor)

Cuando las deudas sobrepasaban sus excusas, Ausias Susmozas —manirroto patriarca del Pigalle, un teatro de pasado glorioso— agarró el petate y se mudó al otro barrio. Su muerte reúne por primera vez en mucho tiempo a sus tres hijos, Argimiro, Bartolomé y Críspulo, dispuestos a recoger un consuelo monetario que compense el nulo cariño que les dispensó su progenitor. Pero se dan de bruces con una deuda inabordable: el banco se quedará el Pigalle si no logran saldarla. La única solución pasa por ganar una subvención mediante el estreno, en un plazo de cinco meses, de una obra que llevará por título La vida. Los tres deberán lidiar con el desastre vital y económico, un director inepto, un grupo de pensionistas como único apoyo técnico y unos actores reclutados en un grupo de terapia. En Los huerfanitos, obra de culto aclamada por la crítica y con gran éxito de público, Santiago Lorenzo congela la sonrisa del lector con una prosa que se debate entre el humor, el terror y la ternura. Más allá de la mera sátira del mundo teatral, nos recuerda, sobre todo, que un paseo por la calle esconde más claves sobre la crisis moral y económica que cualquier estadística.