LABERINTO POLITICO MANUAL (REMON, ALONSO) (Sin clasificar)
LA RESPONSABILIDAD DEL ESCRITOR (SARTRE, JEAN-PAUL) (Sin clasificar)
EL ARTE DE PAGAR LAS DEUDAS Y SATISFACER A LOS ACREEDORES SIN DESEMBOLSAR UN CENTIMO, EN DIEZ LECCIONES (DE BALZAC, HONORE) (Sin clasificar)
Un breve relato dentro de enorme narrativa, pero su importancia y fascinación le han valido la atención y el apreció de numerosos escritores. El autor nos da consejos sobre las deudas, los prejuicios, el mundo de los acreedores, los deudores, las cualidades necesarias para los consumidores que estén sin dinero, etc.
Un breve relato dentro de enorme narrativa, pero su importancia y fascinación le han valido la atención y el apreció de numerosos escritores. El autor nos da consejos sobre las deudas, los prejuicios, el mundo de los acreedores, los deudores, las cualidades necesarias para los consumidores que estén sin dinero, etc.PETITA HISTÒRIA DE TOULOUSE-LAUTREC (JORDI OLIVERES) (Sin clasificar)
Us presentem la Petita història de Toulouse-Lautrec, un reconegut pintor i cartellista francès, que va aconseguir plasmar en les seves obres l?ambient bohemi parisenc de finals del segle XIX. Nascut en una família aristòcrata, tenia una salut fràgil, fet que el va ajudar a interessar-se pel dibuix des de ben petit. Al llarg dels anys, va anar passant per diversos tallers de prestigiosos artistes, fins que va poder desenvolupar el seu propi talent.
Us presentem la Petita història de Toulouse-Lautrec, un reconegut pintor i cartellista francès, que va aconseguir plasmar en les seves obres l?ambient bohemi parisenc de finals del segle XIX. Nascut en una família aristòcrata, tenia una salut fràgil, fet que el va ajudar a interessar-se pel dibuix des de ben petit. Al llarg dels anys, va anar passant per diversos tallers de prestigiosos artistes, fins que va poder desenvolupar el seu propi talent.AVIONES (VV.AA.) (Sin clasificar)
TU MANUAL DE PSICOTÉCNICOS (RIVERA, MICHEL) (Sin clasificar)
MUSEORA BISITA . EMOZIOAK 10 (AUTOESTIMUA) (CANALS BOTINES, MIREIA) (Sin clasificar)
EN LAS NUBES (SUBIRANA QUERALT, JOAN / OBIOLS LLOPART, ANNA) (Sin clasificar)
El gigante Atlante se construyó una casa en las nubes, porque el Cielo era el único lugar para vivir que le pareció lo bastante ancho y cómodo. Estaba cansado de la Tierra, ya que se sentía observado a todas horas por los vecinos. Y si tenía hambre, nunca encontraba ni cubiertos ni tazas que le fueran bien, todo era diminuto. Sin embargo, echaba de menos a sus amigos, sobre todo a la brujita Rita, de quien estaba profundamente enamorado. Este cuento nos explica que el amor puede sobrevivir a la distancia i más aún con final feliz.
El gigante Atlante se construyó una casa en las nubes, porque el Cielo era el único lugar para vivir que le pareció lo bastante ancho y cómodo. Estaba cansado de la Tierra, ya que se sentía observado a todas horas por los vecinos. Y si tenía hambre, nunca encontraba ni cubiertos ni tazas que le fueran bien, todo era diminuto. Sin embargo, echaba de menos a sus amigos, sobre todo a la brujita Rita, de quien estaba profundamente enamorado. Este cuento nos explica que el amor puede sobrevivir a la distancia i más aún con final feliz.UN BAR BAJO LA ARENA (FERNANDEZ JOSE R) (Sin clasificar)
ROSARIO DE ACUÑA:RÁFAGAS DE HURACÁN (BERNÁRDEZ, ASUN) (Sin clasificar)
HIERRO Y PLOMO. CUENTOS DE LOS TERCIOS VIEJOS (VILLEGAS GONZÁLEZ, ANTONIO) (Cervezas)
RONA SE MIRA ¡TENGO LOS OJOS VERDES! (RÓDENAS VARGAS, MÍRIAM) (Sin clasificar)
RASPUTÍN. LA MUERTE DEL DIABLO SAGRADO (VERDAGUER, MARIO) (Primera Guerra Mundial)
Unos meses antes del estallido de la Revolución Rusa, emergía de la Duma el primer clamor bolchevique. No fue un obrero el que prendió la mecha que llevaría a la abdicación del zar y la caída del Imperio, sino un diputado del parlamento, un patriota que creyó tener en sus manos el destino de toda Rusia. Vladimir Purishkévich quería defender el trono de la nefasta influencia del diabólico Grigori Rasputín, que dominaba con su poder hipnótico a los zares y dirigía secretamente un país que, ya mermado por la Primera Guerra Mundial, marchaba irremediablemente hacia el abismo. Ante la miseria económica y la amenaza de un alzamiento obrero, solamente quedaba una opción para acabar con la crisis interna: matar al stárets. Entre la bruma que rodea la muerte de Rasputín, Mario Verdaguer despliega una trama de misterio y confabulación entre miembros del gobierno y la aristocracia rusa que terminaría con el asesinato del que había sido durante años el protegido de los zares. Grigori Efimovich Rasputín, miserable mujik que decidió el rumbo de una nación entera, el hombre más poderoso de Rusia, caía muerto en el palacio de la Moika el 17 de diciembre de 1916. Dos meses después, las profecías del diablo sagrado se cumplían, y hordas de campesinos hambrientos invadían Petrogrado uniéndose a la oleada revolucionaria que pondría fin al Imperio ruso.
Unos meses antes del estallido de la Revolución Rusa, emergía de la Duma el primer clamor bolchevique. No fue un obrero el que prendió la mecha que llevaría a la abdicación del zar y la caída del Imperio, sino un diputado del parlamento, un patriota que creyó tener en sus manos el destino de toda Rusia. Vladimir Purishkévich quería defender el trono de la nefasta influencia del diabólico Grigori Rasputín, que dominaba con su poder hipnótico a los zares y dirigía secretamente un país que, ya mermado por la Primera Guerra Mundial, marchaba irremediablemente hacia el abismo. Ante la miseria económica y la amenaza de un alzamiento obrero, solamente quedaba una opción para acabar con la crisis interna: matar al stárets. Entre la bruma que rodea la muerte de Rasputín, Mario Verdaguer despliega una trama de misterio y confabulación entre miembros del gobierno y la aristocracia rusa que terminaría con el asesinato del que había sido durante años el protegido de los zares. Grigori Efimovich Rasputín, miserable mujik que decidió el rumbo de una nación entera, el hombre más poderoso de Rusia, caía muerto en el palacio de la Moika el 17 de diciembre de 1916. Dos meses después, las profecías del diablo sagrado se cumplían, y hordas de campesinos hambrientos invadían Petrogrado uniéndose a la oleada revolucionaria que pondría fin al Imperio ruso.









