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Relaciones industriales

ESTRUCTURA POLÍTICA DEL MUNDO DEL TRABAJO:FORDISMO Y POSFORDISMO (Relaciones industriales)

Este volumen trata, en el marco teórico de la Ciencia Política, de la situación en el último medio siglo del mundo del trabajo y de sus protagonistas, sindicatos y organizaciones empresariales, así como de sus agentes reguladores: Estado, organismos internacionales, actores civiles e instituciones locales... Explica cómo los sindicatos han pasado en este período por dos fases: de socios necesarios del pacto tripartito fordista, a la erosión sindical posfordista actual fruto de la deslegitimación neoliberal, la individualización de las relaciones laborales, la segmentación del mercado del trabajo, los pactos empresas-Gobiernos excluyentes de la parte social... La escala de regulación del trabajo, antes sobre todo estatal, se ha abierto a la multiplicidad y simultaneidad de las distintas escalas espaciales: global, estatal, regional/local... Cobran importancia en este mundo los nuevos movimientos sociales, que asumen la defensa del medio-ambiente y de los colectivos laborales discriminados: mujeres, jóvenes, inmigrantesm etc. De ahí la división del libro en tres partes: Actores Colectivos, Regulación del trabajo y Movimientos Sociales.ÍndicePresentación. Prólogo. Parte primera: Los actores colectivos. Cap. I: Grupos de interés y relación de trabajo. La falsa paridad sindicatos/patronales. Cap. II: La organización sindical. Cap. III: La acción sindical: negociación, conflicto, concertación. Cap. IV: Los pilares partidos/sindicatos. Estudios de caso. Cap. V: Las organizaciones empresariales y sus ideologías. Parte segunda: La regulación del trabajo. Cap. I: La teoría de la regulación, fordismo y posfordismo. Cap. II: El paradigma tecnológico: Especialización flexible y sociedad de la información. Cap. III: La empresa en red del posfordismo. Cap. IV: La organización posfordista de la fuerza del trabajo. Cap. V: Los territorios de la regulación. La escala regional/local. Cap. VI: Las escalas estatal y global. Parte tercera: Los movimientos sociales. Cap. I: Nuevos temas sindicales (1): Ecología, jóvenes, mujeres, inmigrantes. Cap. II: Nuevos temas sindicales (2): Formación, escalas local/global. Cap. III: Reparto del trabajo y renta básica. Cap. IV: Movimiento obrero, nuevos movimientos sociales y organizaciones agrarias. Cap. V: ¿Hacia un nuevo sindicalismo? Bibliografía.

LA CONDICIÓN OBRERA (WEIL, SIMONE) (Relaciones industriales)

La experiencia del trabajo de fábrica que hace Simone Weil entre diciembre de 1934 y agosto de 1935 obedece a su vocación de exponerse y de someter sus ideas a la prueba de la realidad. Pero este «contacto con la vida real» tiene tanto para ella como para la evolución de su pensamiento consecuencias que van más allá de la intención inicial de estudiar «las condiciones reales que determinan la servidumbre o la libertad de los obreros». A su amiga Albertine Thévenon le confiará: «Para mí, personalmente, esto es lo que ha significado trabajar en la fábrica. Ha significado que todas las razones exteriores (antes las creía interiores) en las que para mí se basaba el sentimiento de mi dignidad, el respeto hacia mí misma, en dos o tres semanas han sido quebradas radicalmente bajo el golpe de una opresión brutal y cotidiana». En su Diario de fábrica, testimonio excepcional de esta experiencia, Simone Weil transcribe la angustia, el miedo y la degradación padecidos durante las jornadas de trabajo y recoge la rabia impotente, el hastío, la amargura, las lágrimas, las broncas, la preocupación por dormir, la extinción de la facultad de pensar, pero también los escasos momentos de luz fruto de algún inesperado gesto de amistad. Todo ello lo resumirá más tarde en una conocida frase al padre Perrin: «Estando en la fábrica, confundida a los ojos de todos y a mis propios ojos con la masa anónima, la desgracia de los otros entró en mi carne y en mi alma». Pero, además de presentar este aprendizaje de la desdicha, los escritos reunidos en este libro constituyen una de las contribuciones más lúcidas a la reflexión contemporánea sobre el trabajo. A través del examen crítico de la llamada racionalización (el taylorismo), Simone Weil propugna una ciencia de las máquinas y de la técnica que, en vez de esclavizar al hombre, se adapte a su percepción en el trabajo. Y concibe una espiritualidad del trabajo no servil que manifiesta la alegría y la desgracia inherentes al trabajo humano. Se trata de la primera edición completa en español de la obra que incluye el Diario de fábrica, a parte de índices y otros materiales.

TRABAJOS DE MIERDA . UNA TEORÍA (GRAEBER, DAVID) (Relaciones industriales)

El nuevo esclavismo. Pasarse la vida trabajando en algo totalmente innecesario. Un trabajo de mierda. ¿Su trabajo tiene algún sentido para la sociedad? En la primavera de 2013, David Graeber hizo esta pregunta en un ensayo lúdico y provocativo titulado «Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda». El artículo se volvió viral. Después de un millón de visitas en línea en diecisiete idiomas diferentes, la gente sigue debatiendo la respuesta. Hay millones de personas: consultores de recursos humanos, coordinadores de comunicación, investigadores de telemarketing, abogados corporativos?, cuyos trabajos son inútiles, y ellos lo saben. Estas personas están atrapadas en unos trabajos de mierda. Olvide a Piketty o Marx; es Graeber, uno de los antropólogos y activistas más influyentes del momento, quien dice alto y claro que muchas de las tareas que se realizan en una economía de esclavos asalariados son una forma de empleo tan carente de sentido, tan innecesaria o tan perniciosa que ni siquiera el propio trabajador es capaz de justificar su existencia, y pese a ello se siente obligado a fingir que no es así. La crítica social que persigue el libro es sólida y aguda, especialmente cuando introduce categorías tan refinadas como los «trabajos chapuza», que realizan determinados empleados para, por ejemplo, mantener en funcionamiento máquinas viejas y ahorrarle a la empresa la compra de nueva maquinaria. No deja de tener su lógica, ya que, como dijo Orwell, «una población que está ocupada trabajando, aunque sea en tareas totalmente inútiles, no tiene tiempo para hacer mucho más». De ahí que, como concluye Graeber, lo que tengamos sea una mierda permanente.