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Al término del libro, es el propio autor quien nos dice: Diario en tres dimensiones. Pues pasea -diario mundo, mundo diario-, como quiso Jaime Gil, por las personas del verbo: no fronteras ni límites, muy difusos caminos. Bucea así el largo de una introspección; así escala la altura que a ella explora; también así da ancha derramación en otros. Y todo confundido, remejido entre sí, lo acuna, mece, arrulla, viene a abrazarlo el tiempo, esa cuarta dimensión que vio Albert Einstein y es duro decorado de los días. Pero sabiendo, en todo, que no son sólo tres ni cuatro, nino más, más, muchas más las dimensiones (y una es todas).
Al término del libro, es el propio autor quien nos dice: Diario en tres dimensiones. Pues pasea -diario mundo, mundo diario-, como quiso Jaime Gil, por las personas del verbo: no fronteras ni límites, muy difusos caminos. Bucea así el largo de una introspección; así escala la altura que a ella explora; también así da ancha derramación en otros. Y todo confundido, remejido entre sí, lo acuna, mece, arrulla, viene a abrazarlo el tiempo, esa cuarta dimensión que vio Albert Einstein y es duro decorado de los días. Pero sabiendo, en todo, que no son sólo tres ni cuatro, nino más, más, muchas más las dimensiones (y una es todas).