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Neheri, el geómetra, daba un paso, afianzaba un píe, y después movía el otro con precaución, pues el suelo estaba mojado y mohoso, y debido a la altura, si resbalaba, la caída sería mortal. Además procuraba mirar a la cubierta para evitar el vértigo. Cada paso que daba servía para comprobar que no había movimientos de piedras y que éstas estuvieran bien colocadas.
Neheri, el geómetra, daba un paso, afianzaba un píe, y después movía el otro con precaución, pues el suelo estaba mojado y mohoso, y debido a la altura, si resbalaba, la caída sería mortal. Además procuraba mirar a la cubierta para evitar el vértigo. Cada paso que daba servía para comprobar que no había movimientos de piedras y que éstas estuvieran bien colocadas.