«Dios lo sacó por temor a que el mal corrompiera su inteligencia o que su alma se dejara seducir por la mentira.

Porque la fascinación del mal oculta los verdaderos valores y los reclamos del deseo conmueven a un alma sin malicia.

Acabó pronto, pero había recorrido ya un largo camino.

Su alma era preciosa a los ojos del Señor, por eso la retiró pronto de su ambiente corrompido. La gente al ver eso no entendió; no comprendieron que la y la misericordia de Dios acompañan a sus elegidos, y que él vela por los suyos.»

IV, 11-15