Murió hace veinticinco años

Ese es el título de un drama escrito por Joaquín Calvo Sotelo. El protagonista es uno de aquellos niños llevados a Rusia durante la guerra civil española del 1936. Después de veinticinco años en la Unión Soviética, se comprueba que viven en Madrid su padre y su hermana. Vuelve a España para reunirse con su familia. Aunque la realidad es muy distinta: trae el encargo de matar a su padre, que a la sazón ocupa un cargo importante en el gobierno español.
Vive con su familia. Sabe que aquellos son su padre y su hermana, a quienes hasta entonces no había conocido ni tratado. El no se siente, no puede sentirse, en familia. En un momento de la obra hay un interesante dialogo entre el protagonista y su hermana. Ella viene a decirle:
-Hasta ahora, tú sabes que papá es tu padre y que yo soy tu hermana. Llegará un momento en que, no solo lo sabrás, sino que te sentirás hijo de papá y hermano mío.
Y a base de convivir y de tratarse, ese momento llega. Cada vez le resulta más difícil aceptar la orden que le habían dado. Al final, aún jugándose su propia vida, se niega rotundamente a cumplirla.

 

Continúa la anécdota murió hace 25 años…
Murió hace veinticinco años

Ese es el título de un drama escrito por Joaquín Calvo Sotelo. El protagonista es uno de aquellos niños llevados a Rusia durante la guerra civil española del 1936. Después de veinticinco años en la Unión Soviética, se comprueba que viven en Madrid su padre y su hermana. Vuelve a España para reunirse con su familia. Aunque la realidad es muy distinta: trae el encargo de matar a su padre, que a la sazón ocupa un cargo importante en el gobierno español.
Vive con su familia. Sabe que aquellos son su padre y su hermana, a quienes hasta entonces no había conocido ni tratado. El no se siente, no puede sentirse, en familia. En un momento de la obra hay un interesante dialogo entre el protagonista y su hermana. Ella viene a decirle:
-Hasta ahora, tú sabes que papá es tu padre y que yo soy tu hermana. Llegará un momento en que, no solo lo sabrás, sino que te sentirás hijo de papá y hermano mío.
Y a base de convivir y de tratarse, ese momento llega. Cada vez le resulta más difícil aceptar la orden que le habían dado. Al final, aún jugándose su propia vida, se niega rotundamente a cumplirla.

Necesitamos sabernos, sentirnos, gozarnos de ser hijos de Dios. Y eso es fruto de la acción del Espíritu Santo en nuestras almas. Y el Espíritu Santo usa un medio muy natural y humano para obtener ese resultado: el trato.
Objetivo: cuidar un trato filial con Dios – Padre.