A la , que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del y del miedo, el Señor resucitado le ofrece como don su amor que perdona, y suscita de nuevo la . Es un amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina!

II