RENDIRSE O MORIR


VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:
LA HORA más negra tiene sólo
sesenta minutos. 

LA DIFICULTAD DE CAMBIAR

Hay que rendirse
He aquí lo que es la fe: rendirse a Dios, pero transformando la propia vida. 
Agustín contó el itinerario de su fe. Especialmente en las últimas semanas fue terrible; leyéndole se siente su alma como estremecerse y retorcerse en conflictos interiores.
Aquí Dios le llama e insiste; y allí, las antiguas costumbres. 
“Viejas amigas-escribe-me tiraban dulcemente de mi vestido de carne y me decían: 
Agustín, ¿cómo?, ¿nos abandonas? 
Mira que no podrás ya hacer esto, no podrás ya hacer aquello otro, ¡y para siempre! Me encontraba-dice- en el estado de uno que está en la cama por la mañana. Le dicen: Fuera, Agustín, levántate. 
Yo, a mi vez, decía: Sí pero más tarde, todavía un poquito. 
Finalmente, el Señor me dio un empujón, me echó fuera”.
Así pues, no hay que decir: Sí, pero…; sí, pero más tarde. Hay que decir: ¡Señor, sí! ¡Ahora mismo! Esto es la fe. Responder con generosidad al Señor. Pero, ¿quién dice este sí? Quien es humilde y se fía completamente de Dios”.
              

 Juan Pablo I (Alocución, 13-lX-1978)