“Yo os aconsejo que, sin hacer cosas raras, mientras trabajáis, tengáis la de llenar vuestra vida de actos de contrición. Quizá sea ése el regalo mejor que algunos días puedas hacer a Nuestra Señora: Madre mía, por toda la miseria que hay en mi vida, dile al Señor que ya no más; Madre mía, por tantas flaquezas, dile al Señor que ya no más; Madre mía, por tantas tontadas como hago yo a lo largo de las veinticuatro horas del día, dile al Señor que ya no más. Madre mía, y tú sabes que sí, que más… ¡ veces has llegado a una conclusión, a un , y luego no has sabido vivir conforme a ese propósito, a ese dolor!”.