El «gustillo» por el peligro, el ansia de riesgo-aventura, es otra manifestación de hallarse en estado peregrino de búsqueda de lo más grande posible… en nuestra opinión esto es un síntoma de una inadvertida búsqueda de Dios.

Pero, una vez más, el camino es equivocado. Por que ser valiente está a un milímetro de ser un temerario.
Y, efectivamente, hay aventura, pero es tan desmedida, que se puede perder mucho más de lo que se puede ganar.
Así de loca es nuestra búsqueda de la felicidad, de la que ahora narramos una anécdota…
 Arriesgan sus vidasAfganistán, destino turístico 

Es igual que el año pasado 2.421 civiles perdieran la vida en Afganistán, según el centro Afghanistan Rights Monitor; que en enero hayan muerto 56 soldados de las tropas internacionales -13 más que en el mismo periodo del año pasado-; y que los extranjeros sean actualmente el blanco, tanto de secuestros como de ataques.

Sin ir más lejos, en el último mes terroristas suicidas han asaltado dos centros comerciales en Kabul frecuentados por extranjeros. Desde el año 2006 Afganistán es destino turístico para aventureros a quienes estas estadísticas no les quita el sueño, o que son totalmente inconscientes de la realidad en el país.
Los tours los organizan agencias de viajes que ya se dedicaban a eso en los años setenta, cuando Afganistán era realmente un país considerado exótico para pasar unas vacaciones tranquilas y diferentes. Por ejemplo, lo hace la agencia británica Hinterland Travel.
Después de la caída del régimen de los talibán en el 2001, también se apuntaron al carro otras empresas, como The Great Game Travel, una franquicia de una multinacional del Reino Unido. Algunas de esas compañías se dedicaron inicialmente a ofrecer apoyo logístico a periodistas extranjeros. Después cambiaron a los informadores por los turistas.
El denominador común de esos viajes es que el turista, por mucho que vaya a un país en guerra, difícilmente oye un disparo en toda la estancia. Sólo visita las zonas más relativamente seguras, aunque a menudo en Afganistán es difícil saber cuáles son.La capital, Kabul, es, sin duda, una de las paradas obligadas en el trayecto. El caos y suciedad de la ciudad, de cinco millones de habitantes, ya le dan un atractivo especial, además de las mujeres caminando por las calles cubiertas con el burqa y los vestigios de la guerra de principio de los años noventa, en la que la capital quedó casi arrasada.
Así el turista tiene la posibilidad de fotografiarse ante el palacio Darulaman, que quedó como un queso gruyere como consecuencia de los bombardeos y aún se conserva así. También puede pasearse por los muchos bazares de la capital, o visitar algunas de las zonas de la ciudad que se han rehabilitado, como el plácido jardín de Baghe Babur.
Otros destinos de la visita turística son la provincia de Bamiyán, en el centro de Afganistán, donde se encontraban los Budas gigantes que los talibán dinamitaron a principio del 2001; la ciudad de Mazar-e-Sharif, en el norte, con su imponente mezquita de color azul; y la de Herat, en el oeste, una de las pocas urbes que no resultaron destruidas durante la guerra entre facciones muyahidines (1992-1996) y que tiene un cierto aspecto occidental. Destacan allí sus cuatro minaretes, la ciudadela, la gran mezquita de los viernes, y la tumba de Goharshad.
Los viajes no son nada baratos. El precio mínimo es de 3.750 euros por tres semanas de tour y sin ningún tipo de vigilancia armada. El coste aumenta si se quiere contar con algún guardia. Además la agencia de viajes nunca proporciona ningún tipo de seguro médico al turista, y a veces ni tan sólo se lo exige para viajar. Corre a su cuenta y riesgo lo que le pueda pasar en Afganistán.
EXTRAÍDO DE AQUÍ.

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