Un célebre autor llevaba más de tres cuartos de hora conversando con una señora y hablando sólo de sí mismo. Al final, cuando vio que la señora se aburría, hizo una pausa y dijo:

-Bueno, basta de hablar de mí.
Hablemos de usted. ¿Qué opina de mi último libro?

Otro autor se dedicó un libro con estos términos:
«A mí mismo, con la admiración que me debo«