El melonar 
(El que quiera melones, que los siembre) 
NO HAY MEJOR MANERA PARA AYUDAR A APRECIAR ALGO QUE HACERLO PRIMERO UNO…

El melonar 
A mi querido amigo Miguel Ríos 
Era uno que tenía una albina y decidió sembrar un melonar. 
Se llevó una espiocha y empezó a cavar la tierra, arrancó los juncos, las aneas y todas las malas hierbas.
Cuando acabó empezó de nuevo por el principio a cavar la tierra para que se oreara y cuando terminó la labró y vio que había dejado la albina a punto para sembrar. 
Compró semilla selecta de melones y los sembró. 
Cuando nacieron, los labró, los escardó, los azufró y los curó para librarlos de enfermedades e insectos. 
Cuando estaban en flor los volvió a curar y luego los vigiló noche y día para que no se los robaran. 
Cuando maduraron, los cogió, puso serones a los mulos y los acarreó a su casa. Los descargó en la sala de estar y cuando los vio su mujer dijo: ¡Qué buenos melones, marido mío!. 
Estos doce para mi madre. 
Esta docena para el médico. 
Esta docenita para el cura. 
Estos para mi hermana, éstos para la vecina… 
y así fue escogiendo los mejores melones para regalarlos. Los que quedaron los subió al soberao. 
El marido no dijo nada. 
Cuando subió a ver los melones habían quedado los picudos, los torcidos, los chicos porque todos los mejores los había repartido su mujer. 
Al año siguiente viendo la mujer que era el tiempo de preparar la albina le dijo a su marido: ¿No vas a sembrar melones este año?. 
El contestó: Sí, vamos al campo que hay que preparar la tierra. 
Cogió una espiocha y a su mujer le dio otra y se pusieron ambos a preparar la tierra. 
Luego entre los dos la sembraron y así todo el ciclo hasta que cogieron los melones y los llevaron a casa. 
Cuando estaban los melones amontonados en el salón empezó ella a subirlos al soberao y él le dijo: Oye, te olvidas de los regalos. 
Y ella contestó: Mira, el que quiera melones que los siembre