Formación: No conviene equivocarse: debemos preguntar por el camino del cielo 

Desilusión 
Por fin lo había conseguido, estaba a las puertas del cielo. Allí ante él solo se interponía la verja y el guardián. 
-¿Qué desea señor?-preguntó el guardián. 
-Lo que todos -contestó. 
-De acuerdo- musitó, y acto seguido abrió las puertas del infierno. 
Comentario: Como decía Dostoievski, “el secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino también en saber para qué se vive”; y –añadimos nosotros– vivir para algo que valga la pena, porque es precisamente a la hora de elegir fines cuando se pueden cometer los más trágicos errores, pues ¿existe mayor riesgo que equivocarse en la valoración de lo que consideramos fin último? La búsqueda del sentido de la vida es, por tanto, un buen arranque para una navegación apasionante. La pregunta queda formulada: ¿Qué puede hacer que mi vida sea extraordinaria? Dios quiera que sepamos llevarla a buen puerto.
Continúa con un ejemplo más claro, sin embargo anécdota histórica…

La solución está en la familia: hay que formar familias. 

Empecemos por el principio  
           -Siguiente, por favor-dijo una atractiva enfermera.
             -Entraron una señora más bien bajita y un niño que no pasaría de los siete años, no parecía estar muy conforme con la madre, no quería entrar…
             -Hola jovenzuelo-dijo el doctor Herlincher, un hombre muy alto de pelo muy negro y cejas muy pronunciadas. Era el típico médico muy simpático a priori; además muy bueno en su trabajo, un médico por vocación y no por dinero… 
–Cuénteme señora que es lo que cree que le pasa al joven, parece no tener nada significativo…
             -Verá doctor, hace poco que me he separado de mi marido, bebía muchísimo y me pegaba con frecuencia y al niño también, de la separación hace unos tres meses pero llevábamos casados siete años… Verá creo que mi hijo tiene un trauma…
             -Señora, deje el diagnóstico sea mío por favor, ¿por qué cree eso?
             -Verá, apenas se relaciona con otros niños y me han llamado del colegio quejándose de su comportamiento y de que siempre está metido en peleas, antes no era así, se ha vuelto muy retraído…
             -Bueno, esto es un poco complicado, le voy a hacer una ficha y le voy a dar próximas citas para someterlo a un tratamiento, a ver cómo va.. ¿Qué le parece?
             -Perfecto, gracias doctor Herlincher…
             -Nada, mujer, veamos, nombre y apellidos del niño, por favor…
             -Mi hijo es Adolf Hitler Pötzl…  


Rubén Carril — Santiago de Compostela