Unos visitantes -habían venido a Valencia a presenciar un partido de fútbol desde Brujas- entraron en la iglesia medieval. El rector, en el confesonario me indicó que les atendiera. Era una conversación en inglés. Todo les llamó la atención. Especialmente la capilla de confesonarios, en la que había 7 curas.

– Andaaa. Como cuando era pequeña… – comentó ilusionada una visitante.
Todos quedaros impresionados por los buenos recuerdos que ver aquello les producía… quizás sería eso el paso para una confesión de siglos, el comienzo de una conversión.
Y ahora otra anécdota real, esta vez de Juan Pablo II…

Confesión lleva a la alegría. 
Un matrimonio asistía a una audiencia con el Santo Padre Juan Pablo II en Roma. Cuando el Papa pasó por delante la mujer le gritó: Santo Padre, diga a mi marido que se confiese, porque hace diez años que no lo hace. El Santo Padre continuó unos pasos más, pero luego se volvió, puso la mano sobre el hombro de aquel señor y le dijo: ¡qué mal se está cerca de Dios! Aquel hombre se convirtió.