1. María lleva en su vientre la vida y, así, nos habla de nuestro futuro. Pero al mismo tiempo nos recuerda que, si queremos realmente que el nuevo año sea bueno, si queremos reconstruir la , hay que abandonar los lenguajes, los gestos y las decisiones inspiradas en el y aprender el lenguaje del amor, que es cuidado.
  2. La Iglesia ha sido enviada por Cristo Resucitado a trasmitir a los hombres la de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, a fin de que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones. 
  3. «Cuando una persona conoce verdaderamente a Jesucristo y cree en Él, experimenta su en la vida y la fuerza de su Resurrección, y no puede dejar de comunicar esta experiencia.»
  4. La voz de Jesús es única. Si aprendemos a distinguirla, Él nos guía por el camino de la vida, un camino que supera también el abismo de la muerte.
  5. La Virgen María nos enseña el significado de vivir en el y qué significa acoger la novedad de Dios en nuestra vida. 
  6. El Señor siempre nos perdona, el Señor tiene misericordia, es misericordioso, tiene un misericordioso y nos espera siempre.
  7.  ¡ pagan a caro precio el compromiso por la verdad! Cuántos hombres rectos prefieren ir a contracorriente, con tal de no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad. Personas rectas, que no tienen miedo de ir a contracorriente. Y nosotros, no debemos tener miedo.
  8. Retomemos conciencia de la responsabilidad que se nos ha confiado para construir el futuro: frente a las crisis personales y que vivimos, frente a la de la guerra «estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión».
  9. «Todo se pierde con la guerra. Todo se gana con la paz».
  10. Pero la misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, ¡es una fuerza que da vida, que resucita al hombre!
  11. El amor a la Virgen es una de las características de la piedad popular, que pide ser valorada y bien orientada.
  12. Jesús nos dice que existe una puerta que nos hace entrar en la familia de Dios, en el calor de la casa de Dios, de la comunión con Él. Esta puerta es Jesús mismo (cf. Jn 10, 9). Él es la puerta. Él es el paso hacia la salvación. Él conduce al Padre. Y la puerta, que es Jesús, nunca está cerrada, esta puerta nunca está cerrada, está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Porque, sabéis, Jesús no excluye a nadie.
  13. Somos llamados —primer don: la llamada— por Jesús; todos podemos discernir —segundo don: el discernimiento— su presencia; todos podemos experimentar sus sorpresas —tercer don: la sorpresa—. Hoy sería bueno recordar estos dones: la llamada, el discernimiento y la sorpresa, dones que ya hemos recibido: recordar cuándo sentimos una llamada de Dios en nuestra vida; o cuándo, quizá después de mucho , fuimos capaces de discernir su voz; o también, en una sorpresa inolvidable que Él nos ha dado, asombrándonos.
  14. El amor de Dios tiene un nombre y un rostro: Jesucristo, Jesús. El amor de Dios se en Jesús. Porque nosotros no podemos amar el aire… ¿Amamos el aire? ¿Amamos el todo? No, no se puede, amamos a personas, y la persona que nosotros amamos es Jesús, el regalo del Padre entre nosotros.
  15. La Virgen intercede por nosotros en el Cielo como una buena madre que cuida de sus hijos.
  16. Cada vez que rezamos el Angelus, recordamos el evento que ha cambiado para siempre la de los hombres. 
  17. Dios siempre quiere la misericordia y no la condena hacia todos. Quiere la misericordia del corazón, porque Él es misericordioso y sabe comprender bien nuestras miserias, nuestras dificultades y también nuestros pecados. A todos nos da este corazón misericordioso.
  18. La riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos. Ese amor que viene de Dios y que hace que lo compartamos entre nosotros y nos ayudemos. Quien experimenta esto no teme la muerte, y recibe la paz del corazón.
  19. La verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia. ¡Fe y violencia son incompatibles! ¡Fe y violencia son incompatibles! En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. ¿Con qué fortaleza? La de la , la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.
  20. Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita. Si quieres, ven. La de Jesús es así. Él invita siempre, no impone.
  21. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe! 
  22. La no es el producto de humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una , sino caminando con la humanidad. Es Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo.
  23. Por ello debemos aprender a oír más nuestra conciencia. Pero ¡cuidado! Esto no significa seguir al propio yo, hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me apetece… ¡No es esto! La conciencia es el espacio interior de la escucha de la verdad, del bien, de la escucha de Dios; es el lugar interior de mi relación con Él, que habla a mi corazón y me ayuda a discernir, a comprender el camino que debo recorrer, y una vez tomada la decisión, a seguir adelante, a permanecer fiel.
  24. La justicia de Dios, como enseña la , es mucho más grande: no tiene como fin la condena del culpable, sino su salvación y su , volverlo justo: de injusto a justo.
  25. ¡Sin la gracia no podemos hacer nada! Y con la gracia del y de la Comunión eucarística puedo llegar a ser instrumento de la misericordia de Dios, de la bella misericordia de Dios.