Los niños, idiotizados por la televisión y las maquinitas, son cada vez más inteligentes

«Déjame pensar», dijo el niño mientras se ponía el dedo en la boca.
«¿Por qué te pones el dedo en los labios?», le preguntó su abuela.
«Porque los pensamientos se hacen en la mente pero salen por la boca», contestó.

El protagonista es un sobrino al que aún no conozco y la historia es una que añadí hace apenas dos noches al grupo de las que uno carga consigo para contar apenas le den oportunidad -como cualquier otro padre, hermano, tío y, por supuesto, abuelo- convencido de que sus niños son tremendamente especiales.

Y es que, de hecho, lo son. Los niños maravillan por su manera de ver y procesar el mundo.

«A mí me deja aterrado. Cuando veo a la hija de mi novia yo sé que yo no era tan inteligente a esa edad», aseguró un colega -y quizás esté en lo cierto.

Continúa con una anécdota del interesante hallazgo…

El efecto Flynn

La hipótesis de que la capacidad intelectual de los humanos es cada vez más desarrollada está respaldada por evidencia científica que emanó del trabajo del profesor emérito de ciencias políticas James R. Flynn, de la Universidad de Otago, Dunedin, Nueva Zelandia.

Lo que Flynn descubrió fue que algo extraordinario estaba ocurriendo: cada generación tiene un coeficiente intelectual más alto que la anterior.

El fenómeno se llama «Efecto Flynn» y desde que se hizo público generó más preguntas que respuestas. Pero también contribuyó a un debate que continúa.

Se trata de la discusión sobre qué aporta más a nuestra capacidad intelectual, naturaleza o crianza.

Por un tiempo, el análisis que se hacía de los resultados de las pruebas de coeficiente intelectual (CI, o IQ por sus siglas en inglés) parecía indicar que nuestro destino, en ese sentido, estaba predeterminado por los genes.

El problema de que esa teoría domine es que puede llevarnos por el camino de la eugenesia, la idea de que se puede controlar a la especie humana a través de la selección genética.

El hallazgo de Flynn restableció el equilibrio, pues los cambios venían con cada generación y los genes no evolucionan tan rápido.

Brillantes

Pero, ¿realmente somos más inteligentes que nuestros padres y menos que nuestros hijos?; y si lo somos, ¿por qué? Con todo lo que sucedió en el siglo pasado, ¿qué puede explicar el que los niños hoy en día apenas alcanzan a ser del «promedio» habrían sido considerados «brillantes» en el pasado reciente?

Uno de los más obvios candidatos para catalizador era la computadora, y de hecho, algunos estudios muestran que los niños que están familiarizados con esas herramientas tienen más posibilidades de lograr buenos resultados académicos.

Sin embargo, el efecto Flynn también se daba en chiquillos de apenas 18 meses.

Educación y tecnología, entonces, son factores importantes pero no determinantes, como lo son también la nutrición y, quizás en menos medida, el hecho de que nuestra sociedad ha aprendido a trabajar mejor en tiempos limitados.

Rompecabezas

Tratando de aclarar el misterio que intrigaba a investigadores en todo el mundo, algunos científicos, entre ellos el mismo Flynn, empezaron a examinar las diferentes secciones de las pruebas de CI y notaron que los cambios se registraban sólo en algunas de ellas.

Según lo encontrado, ni nuestra capacidad verbal y matemática ni nuestros conocimientos generales son superiores que los de nuestros antepasados. Incluso parece que en términos de memoria, estamos perdiendo.

Lo que está mejorando con cada generación es la capacidad de resolver problemas abstractos, que algunos llaman pensamiento lateral y otros explican como la posibilidad de lidiar con un problema en el momento en el que se presenta sin seguir un método aprendido.

Para sorpresa de muchos, investigaciones subsecuentes parecen apuntar a que el factor más influyente es el cambio social. Con familias más pequeñas, la reubicación del foco de atención de los adultos a los niños y las diferentes actividades a las que nos dedicamos en el tiempo libre implican que los niños de hoy reciban mucho más estímulo de lo que los rodea desde su nacimiento.

De ahí que todos sean más capaces de lo que somos y fuimos, para lidiar con lo que traiga el siglo XXI…

…especialmente mi sobrina: ¿les conté que cuando apenas tenía dos años un día estaba enferma e inapetente y después de mucho rogarle dijo que se tomaría una sopa, pero cuando se la trajeron y la rechazó y le recordaron que había prometido tomársela ella respondió «¡sí, pero no dije cuándo!

Extraído de aquí.