El año 1996 fue muy difícil para la . Cumplió 86 años y, además de esta edad avanzada, estaba muy enferma y hubo de soportar difíciles y dolorosas operaciones quirúrgicas. Moriría al año siguiente.

Con todo, pudo volver a casa por Navidad, y esto le dio ocasión de enviar a sus colaboradores una circular en la que, entre otras cosas, les decía:

«Este año ha sido un regalo de Dios para mí, y estoy feliz por haber podido ofrecer algo a Jesús. Debemos aceptar todo lo que Él quiera de nosotros con una sonrisa (…). Recemos siempre a Dios con gran confianza. Él nos ama y sabe lo que es mejor para nosotros. No sé por qué ha pasado todo esto en este año, pero estoy segura de algo: Jesús nunca se equivoca»

(J. L. González-Balado, Madre Teresa de los pobres, en Francisco Fdez. Carvajal, “El día que cambié mi vida”, cap. 54, p. 217)