«Estoy construyendo una casa con tres paredes. No es un buen diseño. Con una pared expuesta a las inclemencias del tiempo, nunca podrá dar buen cobijo para los fríos vientos de la vida. Sería mucho mejor que tuviera cuatro paredes (…..) La estoy construyendo en los de la que tenía antes.

Tenía cuatro buenas paredes y yo pensaba que podría soportar la tormenta más violenta. Pero no fue así.(…) Tengo que volverla a construir, no porque vuelva a necesitar cobijo. La tormenta ahora viaja conmigo.(…) Hay personas que me ayudan a construir mi casa, sé que no es agradable para ellos porque se llenan de polvo y solo pueden quitárselo cuando llegan a sus casas… Tengo que construir esa casa imperfecta de tres paredes y mis materiales son los que ahora están rotos a mis pies».

Del libro de Robert A. Neimeyer: «Aprender de la Pérdida».