En la
Vuelta a Tabarca, una regata de Alicante, hubo un naufragio de una
embarcación con dos regatistas. Aparte de que no llevaban salvavidas,
que, aunque facilitaba enormemente los movimientos estaba en contra de
las reglas, se habían metido por unas agujas de coral, para acortar,
expresamente prohibidas por la Organización. Así que iban los primeros
en su carrera loca cuando encallaron y se hundieron. Los otros
regatistas, que vieron lo sucedido, pasaron a su lado sin ayudarles
pensando que el tiempo era bueno y que, como eran tantos participantes
en la regata, ya habría álguien que les recogiera. Lo cierto es que al
ratito de que pasaran todos (los últimos pensando que la Organización
haría algo) los dos náufragos se ahogaron.