Es bueno que soñemos, pero sin olvidar que en definitiva somos y nos convertimos en lo que hacemos: «Lo que hacemos nos hace». La vida debe ser ilusión en la acción, y toda acción verdaderamente gratificante y eficaz está impregnada de gozo, de entusiasmo y proporciona felicidad.

Oscar Wilde, sin menospreciar al soñador, tomaba partido por el hombre de acción, y lo hacía con estas palabras: «Cuando hayamos descubierto las leyes que rigen la vida, nos daremos cuenta de que el hombre de acción se ilusiona más que el soñador».