Tenía tan poca habilidad para con el entendimiento representar cosas, que si no era lo que veía, no me aprovechaba nada de mi imaginación, como hacen otras que pueden hacer representaciones adonde se recogen.

Yo sólo podía pensar en Cristo como hombre. Más es así que jamás le pude representar en mí, por más que leía sobre su hermosura y veía , sino como quien está ciego o a oscuras, que aunque habla con una persona y ve que está con ella porque sabe cierta que está allí (digo que entiende y cree que está allí, mas no la ve), de esta manera me sucedía a mí cuando pensaba en nuestro Señor. Por esta causa era tan amiga de imágenes.

¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran se alegrarían de ver su retrato, como nos da contento ver el de quien se quiere bien.

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