“Rezaré con el , pero rezaré también con la mente; cantaré salmos con el espíritu, pero los cantaré también con la mente: porque si tú bendices sólo con el espíritu, ¿cómo dirá ¡amén! a tu acción de gracias el que asiste como simple oyente, si no sabe qué dices? Ciertamente, tú haces bien la acción de gracias, pero el otro no queda instruido (…) En la iglesia prefiero decir cinco palabras con sentido, para instruir a los demás, que diez mil palabras en lenguas”.

(I Cor 15-19)