A veces escondemos nuestros pecados en la zona más honda del alma como si se trataran de un tumor maligno, pensando ocultarlo a la aguda vista de Dios igual que conseguimos ocultarlos a los ojos de los hombres.

Otras alegamos excusas para nuestros pecados o bien cerramos los oídos sin dejarnos curar con las medicinas de la que son remedio de la del alma.

Algunos, más audaces, parecen no mostrar vergüenza por sus pecados ni a quienes cuidan de su salud y, a pecho descubierto, se entregan a toda suerte de iniquidades.

(San Gregorio Nacianceno)