«He
llegado a la alarmante conclusión de que yo soy el elemento decisivo en
el recinto de la clase. Es mi actitud personal la que crea el clima. Es
mi estado de ánimo el que determina el ambiente. Como maestro, yo poseo
el tremendo poder de hacer la vida de un niño miserable o feliz. Puedo
ser una herramienta de tortura o un instrumento de inspiración. Puedo
humillar o complacer, herir o curar. En todas las situaciones, es mi
respuesta la que decide si hay una crisis que se incrementará o
reducirá y si el niño se humaniza o se deshumaniza.»

Haim Ginott.