Hay momentos en los que uno quisiera poder dar marcha atrás, deshacer lo que ya no tiene remedio, pedir perdón y que el perdón realmente aliviase la culpa. En ese momento se encuentra Sixto Bruno. Ha cometido errores que no tienen enmienda y no parece vislumbrar una salida. Una llamada le propone un caso ciertamente atípico, en las antípodas de lo que suele ser el trabajo de un detective.
Hay momentos en los que uno quisiera poder dar marcha atrás, deshacer lo que ya no tiene remedio, pedir perdón y que el perdón realmente aliviase la culpa. En ese momento se encuentra Sixto Bruno. Ha cometido errores que no tienen enmienda y no parece vislumbrar una salida. Una llamada le propone un caso ciertamente atípico, en las antípodas de lo que suele ser el trabajo de un detective.