¡Qué anchas eran las tardes! se perdía uno en ellas. Estaba el cielo alto sobre el patio, o el jardín, la tarde, como el mar en los mapas, llenándolo todo de azul, y nosotros como barquillos en el mar. No sabíamos donde ir, ni en qué quedarnos, ni para qu
¡Qué anchas eran las tardes! se perdía uno en ellas. Estaba el cielo alto sobre el patio, o el jardín, la tarde, como el mar en los mapas, llenándolo todo de azul, y nosotros como barquillos en el mar. No sabíamos donde ir, ni en qué quedarnos, ni para qu