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Pérez Minik en su Antología de la poesía canaria (1952), señala que Verdugo «entre el Ateneo y su casa de la plaza de los Adelantados y paseando por entre calles y caminos, repartirá su vida de último poeta que no tiene otra ocupación sino su poesía. En La Laguna llega a ser un elemento irremplazable, como su Instituto, su frío invierno o su palacio de Nava».Huellas en el páramo se publica en La Laguna en 1945. Llama la atención, entre la amalgama de estilos, temas, y tonos que adoban los versos reunidos en este apartado, la presencia de «la temática regional», tan al gusto de los poetas de la Escuela Regionalista y dos sonetos y una silva consagrados a la vetusta capital decapitada: «Ciudad de La Laguna», «San Cristóbal de La Laguna», y «Un bello anacronismo».Más de una voz crítica ha señalado que la poesía de Verdugo se sobrevaloró en su tiempo; quizá sea así, pero no es menos cierto que el poeta se curó en salud, «fatigando a la crítica» y enrocándose en el ultimo verso de su soneto «Tic... Tac...»: «¡Si todo cambia en torno, yo siempre soy el mismo!»
Pérez Minik en su Antología de la poesía canaria (1952), señala que Verdugo «entre el Ateneo y su casa de la plaza de los Adelantados y paseando por entre calles y caminos, repartirá su vida de último poeta que no tiene otra ocupación sino su poesía. En La Laguna llega a ser un elemento irremplazable, como su Instituto, su frío invierno o su palacio de Nava».Huellas en el páramo se publica en La Laguna en 1945. Llama la atención, entre la amalgama de estilos, temas, y tonos que adoban los versos reunidos en este apartado, la presencia de «la temática regional», tan al gusto de los poetas de la Escuela Regionalista y dos sonetos y una silva consagrados a la vetusta capital decapitada: «Ciudad de La Laguna», «San Cristóbal de La Laguna», y «Un bello anacronismo».Más de una voz crítica ha señalado que la poesía de Verdugo se sobrevaloró en su tiempo; quizá sea así, pero no es menos cierto que el poeta se curó en salud, «fatigando a la crítica» y enrocándose en el ultimo verso de su soneto «Tic... Tac...»: «¡Si todo cambia en torno, yo siempre soy el mismo!»