En el muelle todos se agitaban en una indescriptible confusión; pero Dick parecía no darse cuenta de nada: sólo tenía ojos para aquella cabecita rubia que brillaba al sol como el oro. La brisa traía la infantil voz de Cedric, que gritaba con todas sus fuerzas...
En el muelle todos se agitaban en una indescriptible confusión; pero Dick parecía no darse cuenta de nada: sólo tenía ojos para aquella cabecita rubia que brillaba al sol como el oro. La brisa traía la infantil voz de Cedric, que gritaba con todas sus fuerzas...