Las diferencias que marcan a las sociedades, más allá de las razas, las religiones o las culturas locales bajo cuyo enfoque nacen los hombres, son básicamente nulas o muy menores, en tanto que sus aspiraciones son comunes. Son unos pocos hombres, de codicia desmedida, los que hacen inhabitable el planeta y los que esquilman el medioambiente hasta extenuarlo. Leyes injustas, gueras de intereses económicos, sufrimiento social, marginación, pobreza, enfermedad y soledad, son dramas comunes pero fácilmente combatibles. Apenas algo mas de treinta páginas para definir un sistema justo, equilibrado y posible para todos los hombres y la naturaleza, que no solamente satisface todas las aspiraciones humanas y establece un marco de respeto con el medio que nos sostiene, sino que a la vez convierte en inútiles todas las demás leyes locales, nacionales o internacionales, a fin de que nadie pueda jugar con ellas.