Ficción y temas afines

PÉTALOS DE ACERO

Exposición Universal de Barcelona, 1888. Isaac Peral, diseñador de un modelo de submarino revolucionario, acaba de sufrir un atentado en el Gran Hotel Internacional. El jefe de seguridad del Pabellón de Estados Unidos y un par de relojeros cronometristas catalanes desplazados desde París se verán envueltos en una trama con robos, asesinatos, extraños autómatas, y la inquietante presencia de un carruaje negro que guarda un terrible misterio. Tras estos sucesos se esconde una conspiración que busca la destrucción de los cimientos de la vieja Europa. La Ciudad Condal es el fantástico tablero de juego de esta novela de aventuras steampunk con guiños al popular folletín y a la literatura policíaca de Maurice Leblanc.

NANÁ

Con " Naná " , Zola se propuso hacer un estudio verdadero de las cortesanas de lujo, hastiado por el tratamiento engañoso que del tema se había estado haciendo. Consiguió, sin embargo, crear una nueva divinidad, un nuevo tipo de mujer fatal y una nueva belleza diabólica. En " Naná " , Zola liga estrechamente los avatares de la existencia individual de una cortesana a los de las clases hegemónicas, en una etapa histórica intencionadamente acotada, el Segundo Imperio.

BIG SUR

Cada libro de Jack Kerouac es una pieza única, un diamante telepático. Con la prosa engastada en el centro de su mente, revela la conciencia misma con toda su elaboración sintáctica, narrando minuciosamente el vacío luminoso de su propia confusión paranoica. Esta escritura natural y tan rica no tiene paralelo en la segunda mitad del siglo XX. Es una síntesis de Proust, Céline, Thomas Wolfe, Hemingway, Genet, Thelonious Monk, Basho, Charlie Parker y la percepción atlética y sagrada del propio Kerouac.

LA TÊTE D’UN HOMME

Quand une cloche, quelque part, sonna deux coups, le prisonnier était assis sur son lit et deux grandes mains noueuses étreignaient ses genoux repliés. L'espace d'une minute peut-être il resta immobile, comme en suspens, puis soudain, avec un soupir, il étendit ses membres, se dressa dans la cellule, énorme, dégingandé, la tête trop grosse, les bras trop longs, la poitrine creuse. Son visage n'exprimait rien, sinon l'hébétude, ou encore une indifférence inhumaine. Et pourtant, avant de se diriger vers la porte au judas fermé, il tendit le poing dans la direction d'un des murs.