Ficción y temas afines

LA TIERRA PROHIBIDA (SARABANDE, WILLIAM)

Partiendo de la primera entrevista . de la que hay constancia, la del líder mormón . Brigham Young, publicado por el New York Tribune . en 1859, Silvester ha realizado un excelente trabajo

CHARLES DICKENS (CHESTERTON, G.K.)

Érase una vez un hombre prolífico como pocos con la pluma, moralista, cultivador del nonsense, mordaz, paradójico, radical, juguetón, polemista infatigable, ferviente defensor de la familia, la iglesia y el pub y enemigo acérrimo de burócratas, hombres de negocios, políticos y filántropos, que fuera denostado por algunos (en términos poco literarios) y por muchos ensalzado (sobre todo en términos literarios). Aquel hombre constituía además una curiosidad por su portentosa corpulencia y por su conversión al catolicismo en un país, Inglaterra, donde hacerse de ese credo puede parecer, más en alguien como él, casi una provocación. Se llamaba Gilbert Keith Chesterton, G. K. C. para los amigos: toda una fábula. G. K. Chesterton (Londres 1874 - Beaconsfield 1936) fue un virtuoso del estilo que, con mayor o menor fortuna, tocó casi todos los géneros literarios, creando un universo que sorprende ante todo por su inmensidad: más de cien títulos, entre obras y recopilaciones de escritos dispersos.

LAS MÁSCARAS FURTIVAS (DUQUE, AQUILINO)

El martes 19 de agosto, a las diez menos cuarto de la noche, sacudió la ciudad de Cádiz una tremenda explosión..." Así comienza uno de los capítulos de Las máscaras furtivas, novela en la que se intenta explicar algo que nunca se explicó de manera convincente: el holocausto del barrio de San Severiano en aquella noche aciaga en la que, como dice la copla, "murieron / muchísimos inocentes". Las máscaras de que aquí se habla no son las del Carnaval, sino otras máscaras cuyo trabajo consistía en montar hecatombes como la de Cádiz. Todo cuanto aquí se cuenta es ficción, pero hay que tener en cuenta que en los años que abarca el relato -los que van de 1934 a 1947- la ficción anduvo muy por detrás de la realidad. Ahora bien, la realidad es paradójica, y si en un relato hay sorpresas es porque nada es lo que parece. Nada hay tan aburrido como una novela o una película en la que cada capítulo o cada escena permite al lector o al espectador prever lo que viene después. La gran protagonista de esta novela es la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra, claro está, se vive de un modo en la resistencia italiana, de otro en la burocracia inglesa y de otro en la clandestinidad española. A primera vista lo que pasa en cada país queda absorbido por los destinos trágicos o cómicos de los respectivos personajes, pero las que parecen tres historias no son más que episodios de una historia común que tiene un único desenlace. Las máscaras furtivas tiene una gran deuda con el cine y leerla es como ver una película en blanco y negro, por más que de ella podría salir una estupenda película en tecnicolor.