La ciencia natural nos ha proporcionado una visión de la estructura de nuestro mundo, pero también nos ha obsequiado, como consecuencia de la marcha triunfal de la técnica, con una crisis existencial de ámbito global. El físico mundialmente famoso Hans-Peter Dürr lo expresa en este libro con claridad: no sólo las religiones, también las ciencias deben aceptar con humildad que su descripción de la auténtica realidad que hay en el fondo es inadecuada, y que sólo pueden referirse a dicha realidad mediante analogías. Entender que la ciencia y la religión se relacionan y complementan puede llevar a nuevos modos de orientarse.