En 1960, y en el contexto del Concilio Vaticano II, se creó la actual diócesis de Segorbe-Castellón que recogía la tradición de la histórica diócesis de Segorbe y de Tortosa y añadía la capitalidad de la ciudad de Castellón, convirtiendo la arciprestal de Santa María en concatedral. Así, este libro ofrece, además de una historia de la diócesis y un recorrido por los más importantes hitos conseguidos bajo los diversos obispados, una visión sobre las novedades más destacables que, en el ámbito eclesiológico, ofreció aquel concilio.