A pesar de no haber publicado en vida más allá de un puñado de poemas, el sacerdote jesuita Gerard Manley Hopkins (1844-1889) no tardó en convertirse en uno de los poetas más influyentes de la lengua inglesa, reivindicado primero por Auden, Eliot o Dylan Thomas y, aún en nuestros días, por Seamus Heaney o Charles Wright. «No hay duda, mi poesía está del lado de lo raro», escribió en una carta a Burns. Pero todo en es