SEGÚN EL PARADIGMA VIGENTE, la población ancestral desde el Paleolítico en el País Vasco y parte de Navarra habría sido (proto-)vasca y la lengua de esa población habría sido el (proto-)euskera. Esa pervivencia antiquísima de una misma población con una misma lengua permitiría encontrar en el pool genético de los habitantes actuales del País Vasco y Navarra aquellos rasgos que les son específicos, heredados de sus ancestros paleolíticos. Frente a ellos, el resto de los europeos serían herederos de las poblaciones neolíticas venidas de Anatolia y Oriente Próximo y tendrían haplogrupos y otros rasgos genéticos de origen minorasiático, diferentes de los que hubo en los refugios europeos durante la glaciación. A pesar de los milenios transcurridos y del inexorable flujo genético bidireccional, debido al aislamiento de los vascos en las inaccesibles regiones pirenaicas, lengua y genes se habrían conservado en feliz coyunda hasta nuestros días. Sin embargo, hoy se tiende a considerar más bien que los vascos tienen los mismos haplogrupos que el resto de los europeos, salvando las variaciones porcentuales que de hecho se dan en todas las regiones europeas y que en cierta medida caracterizan a cada una de ellas. Ni la hidro-toponimia, ni la onomástica personal, ni la Historia Medieval ni la Arqueología ni lo que hasta ahora ha conseguido establecer la Genética de Poblaciones avalan el paradigma vigente. En opinión del autor, no hay que descartar la posibilidad de que sí exista algún componente genético característico que pudiera darnos alguna luz sobre el problema vasco, pero los genetistas han indagado dentro del marco y bajo los supuestos del paradigma tradicional sobre la población primordial de la Península Ibérica, por lo que se hace necesario plantear nuevas hipótesis por las que, una vez comprobadas, podría llegar a descubrirse alguna peculiaridad genética que haga paralelo a la peculiaridad lingüística del euskera.