La lucha por la independencia de Euskal Herria ha llevado siempre aparejada la solidaridad con procesos similares que se vivían y se viven (bien) lejos de aquí. Quienes más se han empeñado en la emancipación de nuestra patria, más se han implicado en la liberación de las ajenas. Esta solidaridad ha permitido descubrir una de las dimensiones más hermosas del ser humano. Quien la practica, comparte el sufrimiento de otras gentes y vive con ellas la tensión que genera la búsqueda de soluciones. El internacionalismo ensancha fronteras sin ignorar identidades; nos convierte en ciudadanos del mundo desde nuestra propia reafirmación nacional.Este libro nos propone un viaje (desde los orígenes del nacionalismo vasco hasta nuestros días) por distintos pueblos y luchas (Euskal Herria, Irlanda, Nicaragua, Guatemala, Cuba, Palestina, El Salvador, Sáhara y otros) donde vascos y vascas han dado lo mejor de sus vidas o, incluso, la vida misma. Su experiencia ha hecho realidad la descripción que hiciera el poeta: “la solidaridad es la ternura de los pueblos”.