Con su lectura se dará cuenta que ni la mejor legislación de mercado de valores ni la actuación eficiente de los organismos supervisores pueden prevenir las prácticas abusivas, los comportamientos faltos de ética, las manipulaciones de los precios de los activos, los fraudes bursátiles y las estafas financieras, tal y como han puesto de relieve los recientes escándalos financieros. Esta dificultad de prevenir, e incluso de detectar en algunos casos, estas prácticas se ha acentuado en la última década con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información. Internet ha facilitado y ampliado las diversas formas de fraude financiero y bursátil. La red ha aumentado la vulnerabilidad del inversor ante posibles comportamientos faltos de ética o claramente ilegales…