Dos mártires del siglo III, testimonio y estímulo de fe para todos los tiempos. Y la historia empieza así: 'En el imperio romano los cristianos fueron considerados un peligro público. Y con razón. Los romanos, en efecto, admitían toda clase de cultos y religiones, pero al mismo tiempo exigían que todos los ciudadanos participasen también de los cultos públicos y oficiales del imperio, con los que se fortalecía la cohesión del estado y la sujeción al emperador. Y los cristianos se negaban a participar de estos cultos.'