Monseñor Óscar Romero (1917-1980) es el primer obispo mártir de América. Desde 1977, en sus tres años como arzobispo de San Salvador, se ganó el sobrenombre de «la voz de los sin voz». Su defensa de los más desfavorecidos hizo que el Parlamento británico lo propusiera como candidato al Premio Nobel de la Paz en 1979. Desgraciadamente, sus continuas llamadas al diálogo, para que los ricos no se aferraran al poder, y los oprimidos no optaran por las armas, no surtieron efecto, a pesar de la popularidad que alcanzaron sus homilías dominicales. Obstinados en reprimir toda oposición, agentes del Estado terminaron por asesinar a monseñor Romero, el 23 de marzo de 1980, y continuaron violando los derechos humanos, provocando una guerra civil que duraría once años y causaría 70.000 muertos.

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