El aire de este libro chispea en las solemnes palabras pronunciadas por su autora cuando contemplaba las pirámides egipcias: «He aquí una sociedad donde el negocio de la pompa fúnebre se salió completamente de madre». Jessica (1917-1996) era la oveja colorada del formidable y aristocrático rebaño formado por la seis hermanas Mitford, joyas de la sociedad mundana en la Inglaterra de entreguerras y piedras de memorables escándalos que no excluían ni las alegres veladas con Hitler ni los amores adúlteros con distinguidos fascistas británicos. Las campanadas de Jessica iban, sin embargo, por otros derroteros: tras fugarse con el “sobrino rojo” de Churchill y acompañarlo durante una excursión militante a la España del año 37, emigró a Estados Unidos, donde se convertiría en el arquetipo del muckraker, el reportero entregado en cuerpo y alma a airear las inmundicias de los poderosos, actividad ésta que describiría en una de sus frases más celebradas: «Tal vez no podamos cambiar el mundo, pero al menos avergonzaremos a los granujas». Conviene señalar que, pese a la gravedad de esos empeños, Jessica Mitford jamás perdió el sentido del humor, o, en otras palabras, el sentido de la medida. Entre los bellacos agraciados con sus dardos destacan los magnates y mangantes de la industria funeraria estadounidense, a quienes dedicó un perverso estudio publicado en 1963 y actualizado en 1996, poco antes de su muerte. The American Way of Death, la obra que ahora presentamos, se encaramó desde el primer momento a los olimpos respectivos de dos géneros que parecían incompatibles: el reportaje de investigación y la sátira. El feroz ingenio de Jessica Mitford había logrado que un libro macabramente serio matara de risa a los lectores.